domingo, 31 de octubre de 2010

ESTUDIO DEL GENESIS, CAPITULO 3

El capítulo 2 de Génesis termina con una imagen perfecta de la comunión del hombre con su creador, ellos estaban desnudos y no se avergonzaban, pues su gloria los cubría y estaban revestidos de ello.


Sin embargo como vimos anteriormente, siempre tendremos una oposición que esta acechando, mientras estemos en este mundo tendremos este conflicto constante entre las tinieblas y la luz, recordemos Génesis 1:2 “…las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Y el relato de este capítulo 3 se inicia con este conflicto, aparece la serpiente, y engaña a la mujer, según las propias escrituras esta serpiente, era solo el cuerpo, ¿Pues quien estaba realmente detrás de todo?, “… la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9), las escrituras nos señalan que era Satanás utilizando una serpiente para engañar a la mujer, y aquí no se trata de entrar en un conflicto de géneros humanos, no se trata de decir, ¡Por culpa de la mujer empezó todo el problema!, la mujer es la imagen del pueblo de Dios que decidió seguir sus caminos y dejar de obedecer los estatutos de Dios, esta es la imagen de todos nosotros que nos desviamos del camino, que quebrantamos el pacto de Dios, es la imagen del Mesías con su novia, y su novia quebrantando el pacto con el Mesías, pues nosotros el Pueblo de Dios somos su novia…

3:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
3:2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3:3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.


Esta imagen es muy importante, el árbol que estaba en medio del huerto era el árbol de la vida, y de el si debía alimentarse, el apóstol Juan nos dice en su Evangelio:


“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. (Juan 1:4-5).


La vida era la luz de los hombres, el árbol de la vida resplandecía al medio del huerto, y las tinieblas, como dice la escritura no prevalece contra ella, sin embargo para el hombre esta luz dejo de ser el centro de su vida, y las tinieblas ocuparon ese lugar, las escrituras no nos señalan donde estaba ubicado el árbol del conocimiento del bien y del mal del cual no debían comer, sin embargo para la mujer había ocupado el centro de su vida, según ella misma lo señala en versículo 3 de este capítulo 3

“…el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. (Génesis 2:9)


3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
3:5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.


Esta imagen resulta casi hipnótica, la mujer se dio cuenta que era un fruto apetecible, codiciable y bueno para comer, y lo tomó y comió de él, y su marido comió también.



3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.


Al comer del fruto, se dieron cuenta que estaban desnudos, pues la gloria de Dios que los cubría los abandono quedando desprovistos de su cobertura y se dieron cuenta que estaban desnudos, las escrituras señalan que tomaron hojas de higueras, se hicieron delantales y se vistieron con ellos, sin embargo delante de Dios estas vestimentas son como un trapo inmundo, no pueden buscar ellos su forma de cubrirse, esta forma es rechazada por Dios tal como lo señala el Profeta Isaías “…todas nuestras justicias como trapo de inmundicia;” (Isaías 64:6)


3:8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
3:9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
3:10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
3:11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?


El Señor busca que reconozcamos nuestro pecado y nos arrepintamos, “Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión” (Números 14:18).

El Señor busca un corazón como el de David, que ha pesar de su pecado, reconoce inmediatamente su error y se arrepiente (2 Samuel 12), lo cual no fue el caso de Adán que culpo a su mujer de esta transgresión.


3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.


3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.


Después de lo que ocurre en la escena de este capítulo de la serpiente con la mujer, viene una de las declaraciones más importantes de las escrituras, el Señor pondrá enemistad entre dos simientes, que va a afectar todas las generaciones de aquí en adelante, la simiente de la serpiente, heriría en el talón (Calcañar) al descendiente de la simiente de la mujer, y este le dará una herida mortal en la cabeza. Esta es la sentencia de que vendría el Mesías a través de la simiente de la mujer, esto quiere decir sin la intervención del hombre, si nos fijamos en las genealogías quien engendra es el hombre, dice las escrituras Adán engendró a Set, Set engendró a Enós y así sucesivamente, sobrenaturalmente la mujer concebiría al salvador (Mateo 1:18), El Mesías sería herido por la serpiente tal como cuando te muerde en el talón, y la reacción lógica a ese ataque es pisarle la cabeza a la serpiente y asestarle una herida mortal en su cabeza, el Mesías tendría que pagar un precio por el pecado del hombre, y esa herida le provocaría la muerte, sin embargo, la muerte no lo podría retener, y como lo atestiguan las escrituras iba a resucitar al tercer día


3:16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
3:17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
3:18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.
3:19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.



El pecado del hombre no solo afectó a su género sino que afectó a toda la creación y ella también esta esperando por ese momento donde sea redimida...

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; (Romanos 8:19-22)

3:20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.


3:21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
3:22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.
3:23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
3:24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Como vimos anteriormente, las ropas que el hombre hizo para cubrirse no eran aceptables delante de Dios, las escrituras nos señalan que “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6:23), en aquel momento tuvo que morir un animal inocente, y con ello fueron justificados y en parte fueron cubiertos para presentarse nuevamente delante del Señor, supieron en ese momento la consecuencia de su falta, alguien tuvo que morir y aunque las escrituras no lo señalan es este pasaje, lo más probable es que ese animal fue un cordero, como en todas las escrituras, representando a ese cordero que vendría más adelante para quitar el pecado del mundo, y el Señor sacó al hombre de Edén para que labrase la tierra, y puso querubines y una espada encendida para guardar el camino del árbol de la vida.


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