domingo, 1 de abril de 2018

LA NUEVA TORRE DE BABEL

La construcción de una nueva sociedad
Muchas lenguas convergen en un solo entendimiento



A la luz de la conquista de importantes derechos sociales, la sociedad contemporánea ha entrado en una nueva era, una era que comienza a dar garantías a la más amplia gama de demandas y a sectores que se habían sentido marginado de ella, los más diversos grupos sociales, de los más amplios espectros,  hoy enarbolan el triunfo de sus batallas que a la luz de los deseos de los hombres y bajo esta perspectiva parece ser justa. En el transcurso de la historia las demandas que hoy se alzan como derechos fundamentales de los hombres fueron limitados y condenados por una sociedad que se caracterizó por su religiosidad y su conservadurismo. Esta situación ha venido cambiando a un paso cada vez más vertiginoso, en favor de aquellas conquistas ha surgido una sociedad distinta de la que hace tan solo un siglo se imponía. Podemos señalar con absoluta certeza, que aquel mundo que habíamos conocido, aquel mundo caracterizado como “moderno” ha concluido, para dar nacimiento a un nuevo tipo de sociedad, una sociedad que ha superado la modernidad, y que los filósofos e historiadores han denominado como “Posmodernismo”, algunos incluso estiman que hasta este concepto hemos superado, encontrándonos hoy en lo que sería una sociedad “Hipermoderna”. Pero para todos los efectos hablaremos en esta ocasión de posmodernismo.

La historia del hombre se ha ido dinamizando poco a poco, los procesos históricos se ha ido agilizando sobre todo a partir de la caída de Constantinopla en manos Otomanas en 1453, que significó el cierre de las rutas comerciales hacia oriente, lo que obligó a las potencias occidentales a buscar nuevas rutas que los dirigieran hacia aquel lejano oriente. A partir de ese suceso que da inicio a la época moderna, la historia del mundo se acelera como una bola de nieve que comienza a rodar montaña abajo, el hombre a su vez comienza a desligarse de la opresión religiosa que le imponía la Iglesia católica, se desmarca de ella y busca sus propios caminos de desarrollo. De esta manera llegamos a la Revolución Francesa que va a dar inicio a una época absolutamente revolucionaria, valga la redundancia, y que según palabras de Gilles Lipovetsky “La sociedad moderna era conquistadora, creía en el futuro, en la ciencia y en la técnica, se instituyó como ruptura con las jerarquías de sangre y la soberanía sagrada, con las tradiciones y los particularismos en nombre de lo universal, de la razón, de la revolución[1]. Aquel orden que rompía con el viejo orden representado por las monarquías, la Iglesia católica y el feudalismo, se va a estrellar y destrozar en el siglo XX, las formas de socialización establecidas o las formas de entender la construcción social se verán destruidos, por lo que los objetivos de la sociedad moderna que la habían caracterizado cambiarán completamente de rumbo, la sociedad se ha organizado de manera distinta y se ha orientado hacia nuevos comportamientos condicionados por una sociedad hiperconsumista, que a partir de la Segunda Guerra Mundial no ha parado de ampliar sus horizontes. Como lo hemos explicado en otros artículos, el terror al que se sometió la humanidad en el siglo XX nos llevó a la destrucción de aquellos grandes ideales, y en los que los hombres dejaron de creer, abandonando los grandes sueños colectivos entorno a los cuales habíamos construido nuestras sociedad, “dando paso a nuevos valores que apuntan al libre despliegue de la personalidad intima, la legitimación del placer, el reconocimiento de las peticiones singulares, la modelación de las instituciones en base a las aspiraciones de los individuos[2]”.

Para muchas personas este mundo que ha nacido a partir de las cenizas de una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial, resulta incomprensible, pero si hacemos el ejercicio de comprenderlo a partir de una mirada posmoderna, ya comenzamos a tener cierto entendimiento de ella, y nos permite además comprender el vacío que domina a una sociedad desorientada y en busca de nuevos valores que vengan a gobernar y dirigir el devenir del hombre en su paso por este mundo, ya hablamos acerca de la Muerte de Dios, y como este concepto resulta fundamental para comprender este posmodernismo que se ha enseñoreado de nuestro mundo. A partir del nacimiento de una nueva sociedad, con nuevos valores, sin la presencia de Dios, al cual el hombre asesinó, comienza la construcción de una sociedad a la medida de los hombres, el filósofo francés Gilles Lipovetsky, nos da una mirada que nos ayuda en la comprensión de esta construcción:   

“… el derecho a ser íntegramente uno mismo, a disfrutar al máximo de la vida, es inseparable de una sociedad que ha erigido al individuo libre como valor cardinal, y no es más que la manifestación última de la ideología individualista; pero es la transformación de los estilos de vida unida a la revolución del consumo lo que ha permitido ese desarrollo de los derechos y deseos del individuo, esa mutación en el orden de los valores individualistas. Salto delante de la lógica individualista: el derecho a la libertad, en teoría ilimitado pero hasta entonces circunscrito a lo económico, a lo político, al saber, se instala en las costumbres y en lo cotidiano. Vivir libremente sin represiones, escoger íntegramente el modo de existencia de cada uno: he aquí el hecho social y cultural más significativo de nuestro tiempo, la aspiración y el derecho más legítimos a los ojos de nuestros contemporáneos.” [3] 
Laodicea una congregación adecuada a nuestros tiempos

Las palabras de Lipovetsky nos otorgan importantes luces para la comprensión de esta sociedad contemporánea, al comprender además los conceptos de modernismos y posmodernismos, podemos situarnos y clarificar las características de nuestra sociedad, una sociedad que se ha sumergido en el individualismo, en la búsqueda de los placer y el hedonismo, en el nulo sentido de la trascendencia, y en el profundo vacío que nos inunda como sociedad, al comprender el rumbo de esta sociedad posmoderna, se nos viene a la mente una escena que nos describe el Evangelio de San Mateo, la cual  señala:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te envía! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos bajo las alas, pero no quisiste! pues miren, el hogar de ustedes va a quedar abandonado; y les digo que, a partir de este momento, no volverán a verme hasta que digan: "¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 23:37-39)[4]



Esta escena corresponde al pueblo de YHVH que no quiso congregarse junto a él, y decidió seguir su propio camino alejado de su regazo, la escena de estos tiempo es la misma, de un mundo que ha matado a Dios, le ha negado y ha decidido construir su propio porvenir, pero en este camino ha de quedar desamparado, sin hogar y no podrán ver, ni menos conocer a su Dios hasta que llegue aquel momento ineludible en que digan ¡Bendito es el que viene en el nombre del Señor!. Aquel lamento, es el mismo de hoy para una sociedad que se ha enaltecido a sí misma, que vive en el vacío  y que ha pretendido construir un edificio demasiado alto para su propia gloria, una edificación que los lleve hacia el cielo en franco desafío a YHVH.

La condición de nuestra sociedad, que hemos descrito, nos habla de igual forma, del cumplimiento certero de las escrituras en cuanto a la descripción de la última sociedad antes de la segunda venida de nuestro Mesías; como lo hemos explicado en otros artículos, el mensaje a la congregación en Laodicea gráfica perfectamente la decadencia, no solo de la congregación del Señor, sino que la decadencia de toda una sociedad, aquella sociedad que ha decretado la muerte de Dios. Aquella condición que hemos descrito tiene una perfecta representación en el propio nombre de la localidad donde se ubicaba este grupo de creyentes, o iglesia como se le ha traducido, en Laodicea, la cual es una palabra compuesta de la siguiente manera: “Laos” cuyo significado es “pueblo” y “Dike” que significa “derechos”, por lo que literalmente su significado es “Derechos del Pueblo”. Laodicea, que representa a la última congregación de creyentes, como también a la última sociedad, tiene directa relación con un pueblo que se ha levantado en pos de la conquista de sus derechos, que abandonó hace mucho el sustento que podría entregarle su creador, por conquistarlos por su propia mano, olvidándose por completo de quien había sido su proveedor y sustentador, hoy aquellos derechos son demandados a gran escala y han contribuido a llevar a nuestra sociedad hacia el lamentable estado social, valórico y moral en la que se encuentra. Respecto de esto último, convengamos en que muchos de aquellos derechos son justos, debido a la opresión que han sufrido ciertos sectores y que hoy se levantan por la conquista de aquello que se le ha negado, pero como hemos visto a través de la historia, la que se ha encargado de demostrarnos claramente y con variados ejemplos, como los ejercicios revolucionarios, terminan en feroces dictaduras y engulléndose a sus propios protagonistas, por lo que estas revoluciones posmodernas terminarán llevándonos inevitablemente hacia una dictadura mundial y hacia un control total, del cual ya comenzamos a tener el “privilegio” de ser testigos.


El mensaje a Laodicea es famoso y suele citarse continuamente en las congregaciones, pero al comprender la sociedad en la cual estamos insertos, y la iglesia de estos tiempos, podemos comprenderlo de mejor manera, este mensaje nos habla de un tiempo de oscuridad, de ceguera, de una sociedad y de una iglesia que se siente rica y que no tiene necesidades, pero que no sabe que es desventurada, miserable, pobre, ciega y esta desnuda; y que ha sacado a su creador de su seno, por lo que Él está a la puerta y llama esperando que alguien le escuche y abra su puerta, para entrar a él y cenar con él. Estas últimas palabras nos hablan de la condición de los hombres contemporáneos, quienes han abandonado completamente la guía y el sustento de su creador, quienes le han asesinado y eliminado de sus vidas, este último mensaje es mucho más íntimo, le habla personalmente a quien desee escucharle y abrir su puerta, el mensaje ya no es a las masas, quienes caminan en pos de sus propios derechos, el mensaje aquí es individual, pues a esta altura de la historia, las grandes luces, el esplendor, y el inmenso brillo que genera el ego de los hombres ha cegado el entendimiento de una sociedad que no cesa de edificar con ladrillo dejando de lado la roca.

A este complejo y peligroso período que hoy vivimos, debemos agregarle muchos otros elementos como lo es esta especie de nueva guerra fría que ha resurgido en las potencias mundiales, pero ahora agregándose otro gigante como lo es China, el mundo vuelve a estar en riesgo de alguna hecatombe nuclear provocada por las grandes potencias y por países más pequeños que pertenecieron a un tercer mundo, pero que hoy poseen un poder nuclear considerable; además del peligro geopolítico, debemos agregar otros factores como lo son los climáticos, ecológicos y humanitarios que enfrenta la humanidad en nuestros días. Sin embargo existe también un complejo entramado político social, que resulta mucho menos evidente, pero al cual no debemos pasar por alto.

Las escrituras nos hablan de muchas maneras, nos hablan del pasado, de una historia que debemos conocer, nos habla directamente a nuestro espíritu, también nos habla acerca del futuro; y dado el contexto al que hemos llegado como sociedad, podemos realizar un paralelo con una historia que registra el libro de Génesis en su capítulo 11, La Torre de Babel, las escrituras señalan:

“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de la tierra”. (Génesis 11:1-4)
Aquel mundo que relata este pasaje, pareciera demasiado lejano, con miles de años de distancia, y así fue, sin embargo también es nuestro mundo, un mundo donde la roca se ha dejado de lado para construir una sociedad a la medida de los hombres, desecharon la piedra y decidieron construirlo con ladrillos, elementos que son construidos por el hombre, a la medida que los hombres estiman, esa es la condición de nuestra sociedad, la rebelión de los hombres, han sacado a su creador de su camino, y los hombres han decidido construirlo de la manera que lo estimaron mejor, hemos llegado a un punto, después de muchos conflictos a través de los siglos, donde este mundo global, parece entenderse mejor, con ideales unificadores, con sueños y conquistas sociales que son aceptadas por la gran mayoría de la población, y que se transforman en elementos que le otorgan un elemento más conciliador entre las diversas posturas que siguen los hombres, de esta manera los hombres se une bajo la construcción de un solo mundo, de un solo edificio, con un mismo lenguaje y una misma manera de entender el mundo, aunque insisto, el mundo que los hombres construyeron, una construcción sin la piedra que es el Mesías, sino con ladrillo, que está hecho a la medida de los hombres.

Y este mundo que han construido los hombres parece alcanzar los más grandes logros a los que podríamos haber imaginado algunas vez, aquellas obras de la literatura universal que nos legaron grandes autores del pasado, que nos hablaban de un mundo fantástico, ciertamente han quedado pequeños en su visión de un futuro auspicioso, hoy nos ha correspondido ser testigo del avance arrollador de la modernidad frente a la cual solo atinamos a seguir aquel agresivo devenir, el mundo ha entrado en un proceso globalizador donde ya es muy difícil que algún país del mundo pueda sustraerse. Aquel proceso que comenzara con la primera vuelta al mundo en el ideario de Hernando de Magallanes y que concluyo Sebastián Elcano en 1522, al unir el mundo por primera vez bajo la posibilidad de comerciar en todo el orbe, hoy ha llegado a su zenit, el mundo se encuentra unificado bajo un capitalismo triunfante, y bajo el poder del Imperio más grande que haya visto la humanidad como lo es el Imperio de Estados Unidos, el que ha llevado el intercambio comercial a su punto máximo, situación que nos permite interactuar de manera instantánea con cualquier lugar del mundo. A pesar de aquellos supuesto buenos augurios, la realidad es que nos encontramos, como tantas otras veces en nuestra historia, al borde del abismo, pues toda la prosperidad y opulencia que podemos observar son tan solo un espejismo, debido a que la realidad es muy distinta, y la historia nos ha enseñado que cuando hemos alcanzado ciertos niveles, lo que inevitablemente viene a continuación es la debacle total, para perder todo aquello que los hombres habían atesorado, y que está basado en su orgullo, en la conquista de poder y en la construcciones de grandes monumentos para exaltar un ego que nos supera a nosotros mismos.

Existe una voluntad de poder que los hombres poseen innatas en su interior, esta nunca deja crecer, no importa las experiencias que el estudio de la historia nos traiga a la memoria, siempre se levanta un nuevo poder que buscará expandirse en desmedro de aquellos pueblos más débiles, pues el poder es como la vida misma, si deja de crecer se debilita y tenderá a su muerte, por lo que quienes ostentan el poder buscarán el crecimiento y por lo tanto la conquista, y en este momento histórico donde el mayor poder que ha dado la historia comienza a quebrajarse, la lucha por la hegemonía desde ya se vislumbra encarnizada, y sabemos que las condiciones de hoy son abismalmente diferentes de aquella que tenía el mundo a principio del siglo XX, en cuanto a los aspectos sociales, económicos, tecnológicos, a pesar del avance de nuestra sociedad la situación de hoy se asemeja peligrosamente, las potencias de aquel momento no tuvieron mayores reparos en declararse una guerra que parecía de rápida resolución, pero que terminó desembocando en el mayor conflicto bélico que la humanidad había presenciado hasta aquel momento, como la fue la Gran Guerra, conocida hoy como la Primera Guerra Mundial. Aquel mundo orgulloso que existía a finales del siglo XIX, un mundo que alcanzaba los más grandes logros al ritmo del avance que otorgaba la Revolución Industrial, con imperios europeos que se erguían como los señores absolutos del planeta, terminarían suicidándose en la Gran Guerra de 1914, entregándole el control a la nueva potencia que emergía de las cenizas europeas como lo fue Estados Unidos. En nuestros días y después que el siglo y la “pax” americana parecían perpetuarse, surgen nuevos poderes que amenazan su hegemonía, aquella unipolaridad que nos legó la caída del muro de Berlín resultó muy breve, hoy la multipolaridad de nuestro mundo nos deja en un escenario muy similar al comienzo del siglo pasado, donde el surgimiento de la nación alemana vino a desafiar la hegemonía británica. Esta multipolaridad hoy nos deja frente nuevamente ante un choque de poderes, que si algo de ello está claro, es que no retrocederán en su empuje de poder manteniendo al mundo en una tensa calma, antes de la gran tormenta que vislumbramos en el horizonte.



La historia nos deja grandes lecciones, de las que muy pocas ocasiones hacemos caso, como hemos hablado en otras publicaciones, el posmodernismo nos ha legado el mundo en el que hoy estamos insertos, un mundo que ha perdido la fe, que ha dejado de creer en los grandes ideales, que ha dejado de seguir grandes ideologías, que básicamente ya no cree en nada de los que solíamos creer, todo aquel mundo se destruyó junto a las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, con los desastres que enfrentó la humanidad en la primera mitad del siglo XX, y el terror nuclear que le siguió en la segunda mitad. Este mundo descreído del que hoy somos parte trae consigo peligros aún mayores, pareciera difícil que el mundo vuelva a creer en figuras mesiánicas como lo fueron aquellas surgidas de las cenizas de Europa en los años 20 del siglo XX, como lo fueron Mussolini, Hitler o Stalin, sin embargo este mundo que pareciera haber desechado las grandes ideologías, es justamente a la mayor amenaza a la que se enfrenta. Estamos ante un mundo que cree tener el control de su porvenir y que se enorgullece de haber conquistado los espacios que a las minorías se les había negado históricamente, justamente por la hegemonía de ideologías que reprimían su expansión y que hoy parecen haber vencido, hoy en un mundo y una modernidad desatada, que cabalga sin rumbo hacia una globalización total, no sólo financiera, sino también en muchos aspectos como valores sociales, ecológicos o religiosos, terminará arrimándose hacia un idealismo de una fe en común que ha de unificar todos aquellos nuevos ideales y aquellos sueños de la construcción de una nueva sociedad, la sociedad que ellos han decido construir, por supuesto muy alejados de aquellos valores que YHVH dejó escrito para sus hijos. No, La sociedad que se está construyendo ha decido destruir aquella otra sociedad, que hoy está asociada a la represión y el abuso, y de la cual debemos ser claros al señalar que la iglesia cristiana contribuyó en ello. La mayor intolerancia y los mayores crímenes se han perpetrado en nombre de Dios y la religión, por lo que nuestra sociedad ha decido desechar la idea de algún Dios y construir su propio edificio, una nueva Torre de Babel, donde los hombres vuelven a hablar el mismo lenguaje, con nuevos valores, construidos para aquella sociedad que ellos determinaron construir y que pretenden nuevamente elevar hasta el cielo, en franco desafío a Dios, a quien están rechazando con su construcción.  

Como lo señalamos, es un tema de justicia señalar que la iglesia cristiana ayudo en esta idea y en el rechazo de la sociedad a esta construcción humana que es la iglesia y que se ha llenado de crímenes, si como lees, la iglesia cristiana es una construcción humana, heredera y continuadora del Imperio Romano, y que muy poco tiene que ver con lo que nos enseñan las escrituras, este es un tema más largo de analizar, estudios que hemos realizado con anterioridad en lo que denominamos “El paganismo en la cristiandad”. La Iglesia cristiana, sea católica o protestante, ha sido fundamental en la construcción de esta nueva Torre de Babel que pretende elevarse hasta los cielos, y hoy cooperara en ello. Sin embargo nuestra sociedad ha llegado al punto en que ha superado esta idea, la sociedad actual comienza a alejarse de la era cristiana, accediendo a una sociedad postcristiana, donde volvemos a las antiguas utopías de crear por nuestra mano un mundo ideal, pero al cual accederemos al peligro que nos ha amenazado a través de toda la historia, de aquella sociedad ideal, derivamos rápidamente en principios absolutos que se encargan de dirigir los destinos de los hombres, sometiéndolos bajo el yugo implacable de la mano del hombre, ejemplo tenemos demasiados en la historia donde aquellos sueños de libertad y realización terminaron en brutales regímenes bajo el alero de una ideología o la figura de algún carismático líder. El camino del hombre ha resultado demasiado doloroso en la búsqueda de su plenitud, no encontrándola hasta acá, sino que, como señala la frase popular, han salido de las brasas para caer al fuego una y otra vez, la época moderna es capaz de darnos muchos ejemplos de ello, la Revolución Francesa desembocó en el terror máximo; la Revolución Rusa, termino en manos de un desquiciado como Stalin que significó la tragedia de todo un pueblo; las revoluciones italianas quedaron en manos de Mussolini, el desastre alemán y la revolución socialista después de la Primera Guerra Mundial en manos de Hitler, el sueño republicano español en manos de Franco, en Latinoamérica podríamos hacer listado aún mayor. Los hombres no hemos aprendido de las traumáticas experiencias que hemos vivido y tendemos a repetirlas, por lo que la historia volverá a repetirse, pero esta unificación y globalización de criterios nos han de llevar a la mayor dictadura de la historia, donde por supuesto todos aquellos que no estén de acuerdo con los nuevos valores que han de regir esta nueva torre que continúa elevándose hacia los cielos, deberán sufrir las consecuencias de su intolerancia, concepto que se yergue como su bandera de lucha y entendimiento.

“Y dijeron: ¡Venid! Construyámonos una ciudad y una torre con una representación de los cielos. Y hagámonos un nombre, no sea que seamos esparcidos por la faz de la tierra. Pero YHVH descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo YHVH: He aquí que son un pueblo, y todos ellos tienen la misma lengua, y este es sólo el principio de su obra y nada les hará desistir de lo que traman hacer.” (Génesis 11:4-6).




Las palabras del libro de Génesis alcanzan su clímax en nuestros tiempos, los pensamientos de los hombres se están alineando y comienzan todos a hablar una misma lengua, y como señalan las escrituras, a esta altura ya nada les hará desistir de hacer lo que traman realizar, la humanidad se ha subido a una máquina que no posee freno, sólo falta aquel líder que los termine de unificar. En la antigüedad este líder estuvo representado en la persona de Nimrod quien fue poderoso en la tierra, un intrépido cazador enfrentado a YHVH (Génesis 10:8-10), y quien dirigió la rebelión contra Él. Hoy estamos frente a una nueva torre de Babel, en la construcción de una nueva sociedad que hemos descrito sus características a través de este artículo, donde muchas lenguas convergen en un solo entendimiento, de aquí en adelante lamento señalar que sólo nos queda observar la consolidación de este sistema y de este gran edificio que pretenden elevar hasta los cielos, pero así debe ser, hasta que nuestro Mesías vuelva como señala el Salmo 2: “Te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás (Salmo 2:8-9)

El profeta Isaías deja unas inquietantes palabras, que si bien describen la infidelidad de Judá, son palabras que grafican nuestra condición actual, y la restauración de todas las cosas, pues de Sión saldrá la ley, y en el santo monte de Sión YHVH pondrá a nuestro Rey y Mesías:

¿Cómo te has convertido en ramera. Oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. Tu plata se ha convertido en escoria, tu vino está mezclado con agua. Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.
Por tanto, dice el Señor, YHVH de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios; y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias y quitaré toda tu impureza. Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Cuidad fiel. Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia. Pero lo rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a YHVH serán consumidos (Isaias 1:21-28)  
Pronto esta nueva Torre de Babel se elevará demasiado alto, y la destrucción caerá sobre ella, pero ante esto surge una nueva pregunta, ¿Qué tiene que ver Babel con nuestros tiempos? Esta es una pregunta que develaremos en un próximo artículo, hasta entonces.

Gabriel Elías.



[1] Lipovestsky, Gilles, la era del vacío, Ensayos sobre el individualismo, Editorial Anagrama, Barcelona, 1986, Pág. 9.
[2] Ibid, Pág. 7
[3] Ibid. Pág.8
[4] Dios habla hoy, Sociedad Bíblicas Unidas, 1966,1970,1979,1983,1996.

lunes, 11 de septiembre de 2017

HURACAN IRMA, UNA IMPORTANTE SEÑAL PARA NUESTROS TIEMPOS


Hoy es el 11 de septiembre del 2017, y parece que lentamente la situación comienza a volver a la normalidad después del catastrófico paso del Huracán Irma por el Caribe y el sureste de Estados Unidos, podemos ver por los canales de televisión la estela de destrucción y los paisajes de desolación que dejó uno de los huracanes más potentes de la historia. Estas últimas semanas han resultado bastante complejas, el Huracán Harvey atacó a Texas y dejó bajo el agua a la ciudad de Houston, días después en México un terremoto grado 8,1 sacudió a la localidad de Chiapas dejando aproximadamente a 96 personas fallecidas principalmente de la ciudad de Oaxaca, y desde el este se formaba uno de los mayores huracanes que ha enfrentado la humanidad, Irma; dejando destrucción y muerte a su paso, y junto a este, otros dos huracanes Katia y José, aunque no significaron mayores problemas para el hombre debido a que nacieron y se degradaron en el océano.

Este último tiempo ha resultado muy complejo, además de los desastres naturales, fuertes rumores de guerra han quitado la tranquilidad a toda la humanidad ante la amenaza real de una hecatombe nuclear en un conflicto que mantiene enfrentados a Corea del Norte y a Estados Unidos, conflicto al que podrían sumarse más actores. Podríamos pensar que estas situaciones son normales dentro del comportamiento de los seres humanos a través de la historia, y de los diferentes catástrofes que hemos debido enfrentar, lo cierto es que no debemos cerrar nuestros ojos para dejar de ver lo que ocurre, y como aquellas señales nos hablan de la proximidad de una realidad que nos fue predicha con mucha antelación y de la que debemos estar atentos como hijos de YHVH que somos, creo que estamos ante un tiempo en que debemos dejar nuestra ceguera para abrir nuestros ojos y darnos cuenta del engaño en que hemos estado sumergidos por cientos de años, siguiendo religiones falsas, a falsos profetas que nos han engañado y nos han mantenido ciegos, pero ya es el tiempo, el tiempo de volver al redil correcto junto a nuestro Mesías y a nuestro Creador, ya es tiempo de que dejemos las vanas fábulas de predicadores protestantes que no han hecho más que engañar a todo un pueblo que continua sin conocer su verdadero origen y su futuro destino, recuerdo las palabras del profetas Isaías, quien señala:

Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscar el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice YHVH, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nueve serán emblanquecidos; si fueren tojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis consumidos a espada; porque la boca de YHVH lo ha dicho”  (Isaías 1:15-20)

El profeta Isaías habla a un pueblo que se ha extraviado, al mismo pueblo que hoy continua extraviado, siguiendo extrañas doctrinas católicas y protestantes que nada tienen que ver con lo que nos enseñan las escrituras, y dejándose engañar por pastores ignorantes que llevan a la perdición al pueblo de YHVH, ¡Venid y estemos a cuenta dice el Señor!, es un mensaje absolutamente actual, el mundo ha entrado en un estado de degradación de la que ya no tendrá vuelta atrás, y su pueblo aún no toma conciencia de quienes son, Israel continua muerto en extrañas doctrinas que no le pertenecen, pero todos los sucesos de los que somos testigos, nos llaman a despertar y comenzar nuestro camino hacia nuestra redención, ¡Despierta Israel, tu que duermes, ya es hora de abrir los ojos! No debemos esperar a ver más desastres, más rumores de guerras, más aparición de epidemias, las palabras de nuestro Mesías están escritas hace dos mil años, para que nuestra generación las viera cumplirse, no para permanecer adormecidos, si no para erguir nuestra cabeza y mirar cómo se acerca aquella redención que nos ha sido prometida, el mundo puede continuar con sus afanes, con sus deseos de generar un mundo como más les acomode, donde puedan contraer matrimonio con quienes deseen, sean del mismo o de distinto sexo, donde se agolpen para matar a sus hijos, o los diversos deseos que tengan en su corazón apartándose de la palabra de YHVH, ellos ya no oirán su voz y no se pondrán a cuenta con Él, este llamado es para los Hijos de Israel que están en medio de ellos y quienes han de escuchar su voz, no importa los que digamos, ellos no oirán, pero nosotros no debemos olvidar las palabras de YESHÚA en el monte de los Olivos:

Y estando él sentado en el Monte de los Olivos, los discípulos se la acercaron aparte, diciendo: dinos, ¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin de siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerra; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará, más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:3-13)

Las palabras de nuestro Mesías cobran cada vez más sentido, y vemos como aquellas señales se acrecientan cada vez más, pero junto con ello el engaño se hace cada vez mayor, esta última semana nos ha dejado una gran lección, vino un huracán, luego un terremoto y luego un nuevo huracán, que nos han dejado una lección que no debemos pasar por alto, los desastres naturales que hemos visto, sobre todo este último, Irma, nos deja la evidencia de nuestra pequeñez ante el poder que viene del creador y que se manifiesta en la naturaleza, como sociedad, en este hipermodernismo en el que nos hemos sumergido, nos hemos olvidado del ser por la conquista de las cosas, dándole un valor que no tienen, y viene un huracán que nos despoja de todo y sólo queda nuestra propia vida ante la inmensidad de la creación, sólo nuestra propia vida, la que para estos tiempos que vivimos ha sido despreciada, pero que en realidad es lo que tiene más valor que todas aquellas cosas por las que luchamos por adquirir a través de toda nuestra vida, debe venir un huracán como Irma para recordarnos lo que es realmente valioso, para recordarnos lo que somos; quizás antes que lamentarse, este es un tiempo en que debemos agradecer ante nuestro Señor por lo que nos ha dado, y porque es una oportunidad para tomar conciencia de quienes somos, de lo que tiene valor, de que las palabras de nuestro Mesías son verdaderas y que nos habló de este tiempo en el que nos ha correspondido vivir, somos un pueblo que a pesar de haber muerto hemos sido resucitados para vida eterna, debemos dejar las fábulas para seguir al verdadero y dejar el engaño, gran lección nos ha dado Irma, una lección para no olvidar mañana y continuar con nuestra vana manera de vivir, el Señor nos da y el Señor nos quita, y en ocasiones como está nos recuerda cuan débiles y frágiles somos, en ocasiones como esta se nos recuerda que sólo somos hombres.

El Señor quita la vida y la da; nos hace bajar al sepulcro y de él nos hace subir. El Señor nos hace pobres o ricos; nos hace caer y nos levanta. Dios levanta del suelo al pobre y saca del basurero al mendigo, para sentarlo entre grandes hombres y hacerle ocupar un lugar de honor; porque el Señor es el dueño de las bases de la tierra, y sobre ellas colocó el mundo” (1 Samuel 2:6-8)


Nuestra oración va para todos aquellos que han perdido no solo las cosas, sino también la paz, para que nuestro Señor y Salvador Yeshúa, la restablezca y traiga nuevas bendiciones a sus vidas, en el Caribe, el sureste de Estados Unidos y en especial a nuestros hermanos en Cuba. 

Gabriel Elias.

martes, 5 de septiembre de 2017

LA DIVINIDAD DE JESÚS, II PARTE


I PARTE

El gran error que cometen las iglesias cristianas protestantes, que es heredera del catolicismo romano, es que centran sus creencias en lo que se aceptó como válido en el Concilio de Nicea, como lo vimos en el capítulo anterior, y es ahí donde se equivocan, el cristianismo defiende aquella postura por sobre otras que estaban en disputa en aquel tiempo como el arrianismo, el ebionismo, nestorianismo, miafisismo, y una gran cantidad de posiciones que surgen en los primeros siglos de nuestra era, pero todas ellas estaban muy lejos de la fe original. De lo que ellos se olvidan es de la visión hebrea, de la que no se han interesado en conocer y estudiar, cayendo en errores importantes en cuanto a su doctrina, las que vienen, como lo hemos estudiado, principalmente desde el paganismo. Este enfoque marca una diferencia importante con la mirada hebrea del Mesías, lamentablemente esta visión ha quedado vedada en el mundo occidental que ha seguido las enseñanzas del cristianismo católico heredero del paganismo antiguo, muchas características que son vitales para comprender lo que las escrituras nos enseñan de nuestro salvador, han sido negadas y reemplazadas por una imagen que el mundo pagano adoptó y lo incorporó a su creencia y del cual todos nos hemos hecho parte privándonos de un gran entendimiento respecto de lo que las escrituras nos enseñan. Es verdad, existen dos Mesías distintos Yeshúa y Jesús, ya hemos explicado de donde proviene la imagen de este último, ahora aboquémonos a conocer al primero. 


Para comprender de buena manera esta idea, como siempre debemos ir a las escrituras que es quien ilumina nuestro camino, en ellas encontramos conceptos que nos acercan a la idea de la persona de Yeshúa, que es como lo llamaremos a partir de ahora. Las escrituras nos hablan en todo momento de él, desde el principio en Génesis en el primer versículo, “En el principio creo Dios los cielos y la tierra”, en hebreo esta frase se escribe como sigue:

Bereshit B’ra Elohim et Hashamayin ve’et ha’arets

Esta sola frase nos da mucho material de estudio, pero en esta oportunidad nos centraremos en la cuarta palabra de esta frase, como decíamos desde el principio se nos habla del Mesías, en este caso lo encontramos en dos letras  Aleph y Tav en hebreo “et”, es decir el alfa y el Omega según su traducción griega, o más claro en nuestro idioma el Principio y el Fin, estas dos letras hebreas se refieren a quien es el tema central de las escrituras, el Mesías. Aleph, tiene por significado Cabeza o Jefe, y Tav, significa Pacto, Señal o Sello, por lo que la unión de estas dos letras viene a significar “Cabeza del Pacto”, del pacto que YHVH va a establecer entre Él y los hombres, Yeshúa va a ser ese intermediario entre el pacto, ese pacto descansa en quien es el Alfa y el Omega. Esta expresión aparece en el Antiguo Testamento, que lo llamaremos por su nombre correcto Tanaj, más de 600 veces, entre las que podemos citar:

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablara todo lo que yo le mandare. Más a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”. (Deuteronomio 18:18-19).

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más YHVH cargó en él el pecado de todos nosotros”. (Isaías 53:4-6)

“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a , a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10)

Estos son solo algunos ejemplos que encontramos en estos pasajes que nos hablan del Alfa y el Omega, donde nuestro Mesías está intrínseco en los pasajes, y que después que se revelaría al mundo lo va a decir explícitamente, Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor (Apocalipsis 1:8) y más adelante dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último”.

YHVH creo todo lo que existe por el poder de su palabra, como bien lo señala el Salmo 33:6 “Por la palabra de YHVH fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”, en su palabra esta la obra creadora, en su palabra esta la vida, su palabra alumbra nuestros caminos y disipa la oscuridad, a través de su Palabra o Logos fueron hechas todas las cosas, como lo señala el apóstol Pablo  en su carta a los colosenses (1:16-17), o como lo señala el apóstol Juan en el comienzo de su evangelio:

“En el principio era el verbo (Logos). Y el verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz de las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:1-5).

Juan nos habla de un misterio que estuvo oculto a la luz de los hombres, pero que para este periodo ha sido revelado, el Mesías que viene del propio seno del Padre, “… el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos. A ellos, Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria” (Colosenses 1:26-27).

La doctrina que se ha extendido en el cristianismo por toda la influencia que ya expusimos en el capítulo anterior de este estudio, ha llevado a que la llamada iglesia haya impuesto el dogma de la divinidad de Jesús, apoyado en ciertos versículos como el de Juan 1:1 o el de Tito 2:13, lo cierto es que el propio Mesías tuvo todo el cuidado de señalar de que él era el Hijo de Dios, aunque si señaló que estuvo con él desde el principio, lo que las escrituras apoyan ampliamente, el salmo 2 que señala al Mesías nos dice “Mi hijo eres tú, yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”. (Salmo 2:7-8).

Existen versículos que parecieran confundirnos por un lado dicen una cosa, y luego leemos otros que parecieran contradecirlos, para comprenderlos es necesario leerlos en su contexto, el Salmo 2 nos dice que fue engendrado, veamos qué significa eso. En este versículo tenemos la palabra hebrea Yalad, cuyo significado es concebir, crear, alumbramiento, parir o nacer; este mismo texto lo encontramos nuevamente en el libro de los Hechos 13:33 “Mi hijo eres tú, yo te engendré hoy”, esta vez está escrito en griego, y aquí encontramos la palabra Gennáo cuyo significado es procrear, dar a luz, nacer, concebir, esta última palabra la encontramos en otros pasajes como el de la genealogía del libro de Mateo “Abraham engendró a Isaac… Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara…” o el pasaje de 1 Juan 5:1 donde se señala “ Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él”

El Mesías había sido un misterio, como nos señala Pablo, y es verdad que comprender toda la dimensión de su persona, escapa por mucho a un simple análisis que podamos realizar los hombres, y aún quedan cosas que serán reveladas en su momento para nuestro entendimiento, por ahora debemos ir a lo que nuestro entendimiento nos permite de acuerdo a lo que nos ha sido revelado a través de las escrituras. En esta revelación se nos ha enseñado que él ha sido engendrado y nos señala además que él es el primogénito, es decir el prototókos que a su vez viene de proto tekos que significa el primer nacido, con esto no estamos dándole algún significado especial, ni dando algún tipo de interpretación, vamos exclusivamente a lo que las propias escrituras nos señalan, de esta manera encontramos esta palabra en el evangelio de Mateo que nos dice: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús” (Mateo 1:25), en el libro de Lucas, “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7), la misma palabra la encontramos en la carta a los colosenses, “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15), o en el libro de Apocalipsis, “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (1:5), en todos estos versículos encontramos la misma palabra que es Prototókos, es decir el primer nacido, palabra que la encontramos además en Romanos 8:29, Colosenses 1:18, Hebreos 1:6, 11:28 y 12:23.

Otro versículo que causa controversia es Apocalipsis 3:14, donde se señala que Yeshua es el principio de la creación de Dios, aquí en lo personal he escuchado muchas interpretaciones que intentan explicar el dogma cristiano, como señalando que a lo que realmente se refiere es que es la “fuente” de la creación, lo cierto es que las escrituras no se refieren a eso, ¿Que nos dice el griego?, veámoslo:

Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, Dice esto:” (Apocalipsis 3:14)

Principio, es la palabra griega arje, cuyo significado es principio, no fuente, se puede traducir también como primero, pero también puede significar poder, dominio  o gobernante. Arje proviene de arjomai, cuyo significado es comienzo en orden de tiempo, la palabra arjo por su parte significa ser primero en rango político en poder, gobernante; y arjon significa principal, príncipe soberano gobernante, hombre principal.

El arje no es un tema tan novedoso, si estudiamos la filosofía griega el arje nos va a parecer siempre, pues era uno de los temas primordiales dentro de su filosofía como objeto de estudio, tanto los filósofos presocráticos como los helénicos se dedicaron a pensar en el arje de las cosas, es de decir en el origen de las cosas, por lo que cuando se habla del arje, es un tema que podemos comprender muy bien, lo mismo si hablamos de la virtud nos vamos a referir al areté, o diversos conceptos que se entienden en un ámbito político o filosófico como Aristoi o Politeia, el caso del arje era el motivo de estudio de filósofos como Tales, Anaxímenes, Anaximandro o Heráclito, quienes se dedicaron a la búsqueda del principio de las cosas, es decir su arje.

Si comprendemos ciertos conceptos. No nos parecerá contradictorias las escrituras, las que a simple vista parecieran decir una cosas, y al momento decir otra distinta, las escrituras hacen la separación entre YHVH y Yeshúa, y eso lo vemos en muchos pasajes:

Acerca de su hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según  la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad por la resurrección de los muertos” (Romanos 1:3-4)

a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su hijo, de quien sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones” (Romanos 1:7-9)

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su hijo Jesucristo nuestro Señor (1 Corintios 1:9)

Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (Corintios 1:2-3)

Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” (Gálatas 1:1)

Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Efesios 1:17)

Bueno así como estos ejemplos hay muchos más donde vemos claramente la diferencia que hace Pablo y los apóstoles, como el apóstol Juan que señala en su evangelio:

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo. Con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. (Juan 17:1-5).

El versículo 17 del Evangelio de Juan, es un pasaje hermoso de las escrituras, este extracto que hemos tomado nos señala ciertos puntos que debemos considerar, por un lado Yeshúa señala que le ha sido dado potestad sobre toda carne para que les dé vida eterna, punto en el que vamos a extendernos en un momento, luego se dirige a él como el único Dios verdadero, y a él mismo quien ha sido enviado, que lo glorifique a su lado, y termina señalando aquella gloria que Yeshúa tuvo con el Padre antes que el mundo fuese. Aquí vemos varios puntos que nos hablan de su persona, es claro que Yeshúa estuvo con el Padre desde el principio, que ha sido engendrado de él, y que va al Padre a sentarse a su diestra, pero hay un concepto que resulta muy importante para comprender todo, y que al entenderlo toma sentido las aparentes contradicciones que están en los evangelios y en las cartas de los apóstoles, al Mesías le fue dada potestad sobre toda carne, para que de vida eterna a todos quienes les han sido dado.

Él vino hasta nosotros con una misión y la cumplió, Yeshúa señala a sus discípulos: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18), potestad es la palabra griega exousía, que significa privilegio, autoridad, jurisdicción, poder. Y esta es la clave para comprender la forma en que se refieren los apóstoles sobre el Mesías, retrocedamos un poco en la historia, el Evangelio de Mateo nos señala que después del bautismo de Yeshúa, donde el Padre le dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, después de ello Yeshúa es llevado al desierto donde es tentado por Satanás, una de las tentaciones dice lo siguiente:

Otra vez lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: 
- Todo esto te daré si postrado me adoras. Entonces Jesús le dijo:
- Vete, Satanás, porque escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás” (Mateo 4:8-10)



¿Cómo podía Satanás ofrecerle los reinos del mundo a Yeshúa?, se los ofreció porque le pertenecían, como señala el apóstol Pablo a los corintios él es el dios de este siglo (2 Corintios 4:4), o Aión, que significa Era o edad, Satanás es el dios de esta edad, ¿pero cómo puede ser eso?, al principio Adán falló en la misión que le entregó el Señor y a través de él como señala Pablo todos mueren (1 Corintios 15:22), Satanás tomó el control de todos los reinos y se transforma en el dios de este mundo, y esos reinos se los ofrece a Yeshúa, pero él los rechaza y le coloca la palabra de YHVH en frente con lo cual Satanás se aleja de él. Yeshúa vencería al dios de este mundo como la escritura lo señala, y al triunfar sobre la muerte tomaría el control de todos aquellos reinos que Satanás se había apropiado, una vez que ha vencido, Yeshúa, nuestro mesías se transforma en el Dios de este mundo, el apóstol Juan señala:

Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna". (1 Juan 5:19-20)

Yeshúa es el verdadero Dios, no Satanás, que había usurpado ese trono que le pertenecía al Hijo de YHVH. Por eso están en lo cierto los Apóstoles cuando señalan como Dios a Yeshúa, es el Dios verdadero, no uno falso como Satanás, a Yeshúa le ha sido dada la potestad sobre el mundo y de dar vida eterna;

Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13), dice Pablo en su carta a Tito, pues estamos esperando su venida y su manifestación para tomar el control total de un mundo que ha de gobernar con vara de hierro como lo menciona el Salmo 2.

El apóstol Pedro nos dice en su segunda carta:

Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús” (2 Pedro 1: 1-2)

En este último versículo pareciera que existe una contradicción primero le dice Dios, y luego hace la distinción entre el Padre, como Dios, y nuestro Señor Jesucristo, pues a la luz de las escrituras y entendiendo su contexto, podemos determinar que en realidad no hay contradicción como lo hemos visto, a Yeshúa le fue dada toda potestad en los cielos y en la tierra por su triunfo sobre la muerte, de esta manera podemos comprender también lo que le señala Pablo a los Filipenses:

Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2: 6-11)

Yeshúa se despojó de la gloria que tuvo al principio, y se hizo semejante a los hombres, rechazó inclinarse ante Satanás, con su triunfo ante la muerte el Padre lo exaltó sobre todo y será Satanás quien se incline ante Yeshúa, las escrituras nos dan un ejemplo, que era una sombra de lo que pasaría siglos más tarde, Moisés debía presentarse ante el Faraón, el relato nos dice:

YHVH dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta” (Éxodo 7:1)

Evidentemente Moisés no es dios, pero el Padre le otorgó toda su autoridad y Moisés pudo presentarse ante el dios del mundo, que era el Faraón, con toda la autoridad que le había sido otorgado, y de esa manera realizó todas las señales que el Padre le dio que hiciese, y Moisés logra liberar a su pueblo que estaba esclavizado en Egipto, y frente al mar rojo cuando parecía que todo estaba perdido “Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que YHVH hará hoy con vosotros” (Éxodo 14:13), se abre el mar y pueblo lo cruza hacia su libertad. La palabra hebrea utilizada por Moisés para salvación es YESHÚA, él es la salvación de su pueblo, Yeshúa vino a liberar a su pueblo que esta esclavizado en el mundo, donde ha perdido toda su identidad, y donde ha muerto, y el Padre le ha dado toda autoridad para que nos de vida eterna, y nos haga pasar por las aguas para emerger hacia una nueva vida.

Es verdad que para los judíos ese Mesías que ha sido revelado aún continúa oculto, es evidentemente que los judíos van a rechazar al Jesús que proclama el cristianismo debido que es una persona que muy poco tiene que ver con ellos, el Mesías debe ser judío, y el Jesús que ha presentado el cristianismo está muy lejos de eso, justamente por la imagen que se ha determinado de él en el Concilio de Nicea que ha perdurado hasta nuestros días, aunque el hecho que los judíos no lo reconozcan también está escrito que así sería, pero difícilmente van a aceptar a un Mesías con costumbres más griegas que hebreas y que poco tiene que ver con su cultura, sin embargo ya llegará ese momento donde vean a su Mesías tal como lo describe el pasaje de Zacarías 12:10.

Yeshúa no es ese rey dios que nos enseñó el paganismo, el verdadero trasfondo de las escrituras y de las enseñanzas de Yeshúa cuesta entenderlas si las leemos con ojos occidentales, Yeshúa está muy por sobre aquellas ideas paganas que lo sitúan como parte de una trinidad que en las escrituras no existe, pero que si existen triadas de dioses en todas las culturas antiguas y que el cristianismo niceano católico hizo suya, ciertamente no cabe duda que nuestro entendimiento es demasiado limitado para comprender toda la trascendencia que tiene el Mesías, quién estuvo en el seno del Padre desde el principio, por quien fueron hechas todas las cosas, que se hizo hombre, que venció la muerte, que recibió toda potestad sobre los cielos y la tierra, que esta sentado a la diestra del Padre y volverá para juzgar los reinos de la tierra y reinar por mil años con toda la autoridad que el Padre le ha otorgado.

Dejamos hasta acá este estudio, que ha sido realizado a la luz de las escrituras y con todo el respeto por ellas, siempre recomendamos que investigues bien todos los temas, y no te quedes sólo con lo aquí se dice, sed como los hermanos de Berea quienes escudriñaban cada día las escrituras para ver si estas cosas eran así.

Que la bendición de YHVH este sobre ustedes.

Gabriel Elías.

lunes, 4 de septiembre de 2017

LA DIVINIDAD DE JESÚS, I PARTE


En este blog hemos tratado diversos temas, siempre con la intensión de realizar una investigación a la luz de lo que las escrituras nos señalan, en el cristianismo hay muchos dogmas que resultan intocables, y como dogmas que son, deben ser creídos no permitiéndose cuestionamiento alguno, pero en esta página creemos que debemos acceder a todos los temas con toda la responsabilidad que se merecen, y no aceptándolos solamente por tratarse de un tema que en determinado momento se zanjó como una verdad absoluta en algún concilio religioso; en esta oportunidad queremos referirnos a un importante tema como lo es la divinidad de Jesús, tema que esperamos tratar con la mayor responsabilidad y respeto, y entregar los argumentos para dejar claro un tema tan sensible como este.
Para comenzar es importante establecer, como lo hemos hecho en variadas oportunidades, la diferencia que existe entre una mirada hebrea de las escrituras y una mirada occidental de ellas, o más correctamente señalado, una mirada con una influencia netamente helénica. 
Este es un tema fundamental para comprender las escrituras en su contexto correcto, la imagen que tenemos de Jesús no escapa a esta idea, también la concepción de su imagen posee estas diferencias y dicotomía, por lo tanto a la luz de este importante antecedentes es válida la siguiente pregunta ¿Existen dos Jesús distintos?, parece una pregunta extraña, sin embargo podemos señalar y establecer esta diferencia entre el Yeshua Mesías hebreo y el Jesús Cristo griego, y esta diferencia se puede apreciar de mejor manera en la forma como comprendemos sus enseñanzas y las acciones que realizaba, una mirada hebrea y una mirada griega hacen una diferencia importante y nos cambian de manera rotunda muchas de sus palabras y de sus enseñanzas, con estas diferencias surge también una importante interrogante como es el tema sobre su divinidad, materia que en este espacio esperamos ir esclareciendo.

La visión cristiana sobre la persona de Jesucristo es que es un ser increado, que es parte de una trinidad, la segunda persona de aquella deidad cristiana que se encarnó y vino a vivir entre nosotros, completamente humano y completamente Dios a la vez, que vino a sufrir y a morir por los pecadores. Recordemos que esta postura se impuso en el Concilio de Nicea convocado por el Emperador romano Constantino en el año 325 de nuestra era. Por otra parte la figura que hasta el día de hoy tienen los judíos sobre su mesías es la imagen de un líder guerrero, de un Rey descendiente de David, que los ha de liberar de las opresiones a las que han sido sometidos a través de la historia, donde todo armamento será destruido trayendo paz a toda la tierra y donde ya no habrá más muerte, entre otras características. ¿Pueden ser excluyentes estas miradas? O ¿Pueden ser complementarias?, quizás podamos inclinarnos por la segunda opción, sin embargo antes de eso es importante destacar algunos detalles importantes.


Aquella imagen de un monarca divino no es exclusiva de la tradición cristiana, en la antigüedad se solía divinizar la figura del Rey que se imponía sobre otros reinos y se alzaba con el poder de un determinado imperio, el faraón egipcio, el rey Asirio, el Rey Babilónico, y los reyes persas, son ejemplos de ello. Sin embargo, y a pesar de que esta figura divina ya existían en el mundo antiguo, va a surgir una figura que vino a romper todos los moldes y que se convirtió en el mayor conquistador del mundo antiguo, un hombre admirado desde Julio Cesar hasta el General Estadounidense de la Segunda Guerra Mundial George Patton, como dijo el historiador griego  Pseudo Calístenes “El más extraordinario y más valeroso de los hombres fue Alejandro, rey de los macedonios”[1]



Efectivamente, Alejandro Magno se va a constituir en el modelo del gran conquistador, Rey y dios a la vez, descendiente de Aquiles y Heracles, su padre Filipo era un Heraclida y su madre Olimpia, al formar parte de la casa real del Epiro, establecía un parentesco directo con Moloso, Hijo de Neoptólemo y nieto de Aquiles[2], por otra parte el historiador romano Plutarco nos señala en su obra “Vidas Paralelas” que la concepción de Alejandro habría sido por obra de Zeus, quien durmió con Olimpia, por lo que todos los antecedentes sobre Alejandro hablaban sobre su origen divino. Alejandro también lo creyó de esa manera y creyó en el destino que su origen divino le tenían reservado para la posteridad. Alejandro vivió su vida como la persona que pensaba que era, de esa manera fue capaz de conquistar el más vasto imperio conocido hasta esa época, aun cuando su vida fue muy corta, dejaba este mundo con tan sólo 33 años. 

Alejandro después de su victoria sobre Darío III en la batalla de Issos toma una decisión que podría parecernos extraña, no persigue al rey persa para completar su victoria, sino que gira en su camino en dirección a Egipto al Oasis de Siwa, lugar donde se encontraba el Oráculo de Amón, el que era tan famoso como el Oráculo de Delfos, recordemos que los griegos ante importantes decisiones acudían a este último Oráculo para que guiará sus destinos, Alejandro en su camino de conquista del mundo conocido de aquella época, suspende momentáneamente su empresa para dirigirse al Oráculo de Siwa, suceso que va a constituirse en un importante hito en su transición hacia su divinización y de su paso de conquistador a dios. Alejandro se dirigió al Oráculo para conocer su destino, pero también para emular a los viejos héroes griegos Perseo y Heracles que según los mitos visitaron este oráculo, y Alejandro como descendiente y heredero de sus legados deseó imitarlos e incluso superarlos en sus logros. Los sacerdotes del oráculo reciben a Alejandro como hijo de dios, o hijo de Zeus, el rey con este viaje obtiene la certeza de que efectivamente es descendiente de Zeus y por lo tanto posee el apelativo de hijo del dios, Alejandro señala “sí acepto, Padre, y en el futuro me llamaré tu hijo. Dime si me concedes el dominio de la tierra[3] , el sacerdote contesta al rey macedonio  “Prueba de filiación divina será el gran éxito de tus empresas, y serás siempre invencible[4]. Esta importante visita que realiza a Egipto va a reafirmar su status de líder y al establecer su filiación divina consolida su posición ante su ejército y ante sus seguidores, y a su vez dirige a partir de entonces su rumbo directamente hacia la gloria y la inmortalidad.

Alejandro el gran conquistador que sería recordado a través de todas las eras, dirigió su camino hacia la divinidad, apropiándose de ella y al estar en la cima de su poder, al conquistar el mundo, muere repentinamente, realizando un paralelo con su “antepasado” Aquiles quien dejó su tierra y la tranquilidad de una vida larga y pacífica por la búsqueda de la gloria en la guerra contra Troya, pagando con su propia vida el precio que lo elevó a la inmortalidad. La vida de Alejandro fue digna de los héroes mitológicos y de sus ilustres “antepasados”, y como aquellas historias sobre las divinidades, su vida alcanzó tal nivel, dejando este mundo con 33 años, en la cúspide de su poder y con el rango divino que le fue otorgado.
La figura gigantesca de Alejandro dejó una impronta muy grande en quienes le sucederían, y si bien su reino se dividió entre cuatro de sus generales quienes le sucedieron, los grandes herederos de la cultura helénica vendría a ser un poder tan fuerte como el hierro, Roma.


Roma afianza su poder derrotando a los macedonios y a su mayor enemigo por el control del Mediterráneo, a Cartago en el año 146 a.C., después de muchas guerra civiles por el control de la República surge la figura de Julio Cesar quien después de su éxito en la Galia, amenazaba en concentrar en su figura todos los poderes; conocemos la historia, para evitar que se convirtiera en el dictador de los destinos de todos los romanos, Julio Cesar es asesinado, en la disputa por su sucesión va a triunfar su hijo adoptivo Octavio por sobre el heredero natural al poder, Marco Antonio. Cayo Julio César Octaviano se va a convertir en el líder indiscutido de Roma, lo que se había evitado con el asesinato de Julio Cesar se concentra en su persona, el senado romano le concede en el año 27 a.C. el título de Augustus cuyo significado es venerable, majestuoso o santo, un título que había estado asociado a los dioses y en particular el dios romano Júpiter, quien era el principal de los dioses romanos en su panteón, sin embargo no sería el único título que va a recibir Octavio a lo largo de su mandato que se va a extender desde el 27 a.C.  hasta el 14 d.C., va a recibir los poderes de Princeps Senatus (el primero de los senadores); Pontifex Maximus, como la máxima autoridad religiosa; Potestad Tribunicia, que le otorgaba el poder de vetar las decisiones de los magistrados; Imperator Consulare, que le otorgaba el mando del ejército; los poderes concentrados en Octavio Augusto permitieron el giro de la Republica romana hacia el establecimiento del Imperio, con el paso de los siglos esta concentración de poderes en los sucesivos emperadores significó la perdida de toda conexión con la realidad, quienes se alejaron absolutamente del justo juicio que Octavio imprimió a los títulos recibidos por el pueblo romano, los emperadores romanos, sobre todo a partir del siglo III se convirtieron en déspotas que se hacían adorar como dioses embriagados con el enorme poder que tenían bajo su mando. Esta idea divina que se tuvo sobre los gobernantes del imperio quedó bien establecida gracias a la herencia del gran conquistador del pasado, de quienes los romanos habían absorbido todas sus influencias, que son los griegos y su gran rey Alejandro Magno.

En el siglo IV el cristianismo logra obtener la preponderancia en el imperio a partir del reinado de Constantino y el Concilio de Nicea, posición que se va a consolidar durante el gobierno de Teodosio el Grande, quien logra reunificar el Imperio tanto en el ámbito político como en el religioso, quien a través de legislaciones como lo fue el Edicto Cunctos populos en el año 380, estableció el credo niceno como la fe oficial del Estado, combatiendo las creencias heréticas del paganismo que a esa fecha tenían aun mucha fuerza en la población, además del arrianismo, que a pesar de haber sido condenado en el Concilio de Nicea en el 325, continuaba teniendo un gran arraigo, pero que a partir de ese momento quedaba proscrito. Este nuevo Edicto queda establecido el año 381 en el Concilio de Constantinopla que establece la fe oficial del Imperio basada en el catolicismo niceno y en la Santa Trinidad.


Debemos considerar como esta alianza entre la nueva fe conocida como cristianismo y el Imperio Romano llega con el paso de los siglos a la fusión total, si bien el poder político y militar del Imperio se desvaneció ante la irrupción de nuevas fuerzas que van a ocupar su lugar, como los godos y principalmente los francos, el Imperio perdura hasta nuestros días en la figura de la Iglesia, más específicamente en la Iglesia Católica Romana, esta es una idea primordial para comprender el curso que siguió la historia en la etapa que conocemos como Edad Media. El cristianismo, ya absolutamente separado de sus raíces hebreas, se consolida bajo el alero del Imperio Romano, y con todo lo que aquello significa, la iglesia católica hereda toda la estructura del Imperio y la hace suya, hoy el Imperio Romano sigue vivo, la organización, su estructura, la jerarquía de la Iglesia Católica es el Imperio Romano en nuestros días, y es el depositario de toda la tradición grecolatina y de la religiosidad que gobernó a aquellos grandiosos imperios de la antigüedad, y ello por supuesto también influye en la idea que en este caso se tiene de aquel Jesús que ellos predican.

Todo lo expresado hasta aquí, es de vital importancia para comprender la visión cristiana católica y por herencia directa, protestante también, que se ha tenido de Jesucristo, la cual es un símil de aquella imagen que se tuvo de Alejandro Magno, de Octavio Augusto y de los emperadores romanos, como todas aquellas tradiciones que hemos ido exponiendo a través de este blog, esta visión también tiene su raíz en el paganismo y en la consolidación de la imagen del dios rey de los imperios de la antigüedad, como herencia el cristianismo absorbe este legado imperial, y la imagen de Jesús va a constituirse en la imagen del gobernante de aquellos imperios.
En la segunda parte de este estudio nos adentraremos en lo que las escrituras nos enseñan sobre nuestro Mesías y comprender de manera correcta, a la luz de las escrituras sobre la Divinidad de Yeshua, el Mesías de Israel.

Hasta entonces

Que la bendición de YHVH este sobre vosotros.


Gabriel Elías.

II PARTE


[1] Pseudo Calistenes, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, Traducción, Prólogo y Notas Carlos García Gual, Editorial Gredos.
[2] Borja Antela-Bernardez, Alejandro o la demostración de la divinidad, Universitat Autónoma de Barcelona
[3] Blazquez José María, Alejandro Magno, “Homo Religiosus”, Madrid, Actas, 2001, Versión digital.
[4] Ibid.