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jueves, 22 de diciembre de 2011

¿NAVIDAD O HANNUKAH?, TU DECIDES...

Hannukah (Januca), es una celebración cuyo significado es muy especial, y este nos habla hasta el día de hoy. El pueblo cristiano casi en su totalidad ignora esta festividad, sobre todo porque en estos días está inmerso en otra celebración cuyo origen es absolutamente pagano, como lo es la Navidad, celebración que está dedicada al dios sol y que es herencia de las religiones antiguas babilónicas. Antes de entrar en su hermoso significado hagamos algo de historia y veamos cómo fue su génesis.

Aproximadamente en el año 200 A.C. Judea era parte del reino Ptolemaico, sin embargo el imperio Seleucida de Siria tomo el control de este disputado territorio cuando el Rey Antíoco III el Grande venció al rey Ptolomeo en la Batalla de Panio, Recordemos que después de la muerte de Alejandro Magno, dos de sus generales, Seleuco y Ptolomeo, se dividieron estos territorios conquistados por el rey macedonio. Siendo parte ya del imperio Seléucida, en el año 175 A.C. y ante la resistencia aún de algunos Ptolomeos, Antíoco IV Epifanes invade Judea , saquea Jerusalén, profana el templo y pone fin a los sacrificios de expiación por tres años y seis meses. En lugar del culto original establecido bíblicamente, Antíoco IV ordena la construcción de un altar para la adoración a Zeus en el Templo de Jerusalén, prohibió la circuncisión, el estudio de la torá y dispuso que se sacrificaran cerdos en el altar del Templo. Esta acción provocó que el pueblo se sublevara contra la dominación seleúcida, cuyo liderazgo fue tomado por Matatías y sus cinco hijos – Yojanán, Simón, Eleazar, Jonatán y Judas – en el año 166 A.C. Fallece Matatías y Judas toma su lugar como líder de la rebelión, triunfando sobre los sirios al año siguiente.

Cuenta la historia que Judas y sus cuatro hermanos tomaron la espada y un martillo en sus manos, e hicieron la guerra contra el imperio que los oprimía, sin duda la guerra por la liberación de Jerusalén era desigual, sin embargo estos martilleros (Macabeos, en hebreo) triunfaron sobre el poderoso imperio, con los martillos que portaban derribaron los altares que los paganos habían establecido, incluso tuvieron que enfrentarse a sus propios hermanos israelitas que estaban comprometidos con los enemigo y con los intereses paganos que ellos profesaban.

Hannukah, es la conmemoración de este acontecimiento, es la celebración de la dedicación del templo nuevamente a YHVH, después de recuperarlo y de limpiarlo de toda la influencia pagana que se había introducido en él, Judas tomó el aceite que quedaba, el cual solo alcanzaba para encender la Menorah (lámpara) por un solo día, sin embargo esta estuvo encendida por 8 días, el templo había sido recuperado, y el paganismo expulsado después de una sangrienta guerra de más de tres años, contra el déspota rey seléucida Antíoco IV Epifanes.

Podemos concluir entonces que Hannukah es la celebración de nuestra liberación de la adoración pagana, aquella adoración que ha llegado hasta nuestros días, es la liberación a la adoración al dios sol que a través de los siglos ha tomado diversos nombres en su celebración, comenzando con Nimrod, Tammuz, Ra, Zeus, Jupiter, Mitra, y que describe el profeta Ezequiel en el capítulo 8 de su profecía. La navidad para casi todos puede resultar un tiempo hermoso, lamentablemente es una celebración del paganismo en el cual se adora a un dios pagano. Este día, el 25 de diciembre se viene celebrando desde tiempos inmemoriales, recuerda que en la antigüedad, la noche era un tiempo de oscuridad total, la aparición del sol cada mañana era significado de vida, de luz, por eso los antiguos desarrollaron ese culto a este dios que nacía y traía la vida. En Roma (que siempre ha sido pagana, antes y ahora), se celebra la fiesta de la saturnalia, como también la brumalia, ambas tenían las mismas característica de lo que hoy conocemos como navidad, el 25 de diciembre se celebraba el nacimiento del Sol (Natalis Solis Invictis, nacimiento del sol invicto), pues este es el día más largo del año, estas fiestas estaban personificado en el dios Mitra, cuyo culto se termino fusionando con lo que se conoció como cristianismo, dando origen al catolicismo, y esta Iglesia quien ordena oficialmente en el siglo V, la celebración de la saturnalia para el mundo cristiano, aunque ya no con aquel nombre sino ahora como Navidad.

Hannukah es justamente lo contrario, es la lucha por la abolición de este tipo de celebraciones, aún contra aquellos que se supone debieran seguir al Dios verdadero y siguen hipnotizados bajo el embrujo de una mujer que muy pronto será destruida y que representa al paganismo. Navidad es la celebración de la eterna reencarnación del dios sol (Tammuz, Ra, Mitra o como quieras llamarlo), en el solsticio del 25 de diciembre, mientras que Hannukah representa la fiesta de la liberación del régimen y del culto a dioses pagano que ha gobernado nuestras vidas desde tiempos que se pierden de nuestra vista.

Recuerda siempre que ha sido el paganismo quien ha influenciado, logrando gran éxito por cierto, en la prohibición del culto verdadero a YHVH, invalidando sus mandamientos y sus estatutos, estableciendo un culto pagano que ha mantenido engañado a un pueblo que cree seguir al Dios verdadero.

Sin embargo, tal como lo hizo Judas es hora de despertar y participar de aquella lucha que llevará al restablecimiento del reino de YHVH y de su Mesías, como lo establece el salmo 2, es hora de que vuelvas, que salgamos del paganismos que nos ha mantenido ciegos y volvamos al redil de aquel padre que nos espera con los brazos abiertos…

Que la bendición de Adonai este sobre ti.

Lectura complementaria:

El pecado de Jeroboam

El Nacimiento del Mesías


jueves, 2 de diciembre de 2010

IMPLICACIONES DE JANUCA EN NUESTROS DIAS


La fiesta de Januca arranca de una historia que tuvo ciertamente su fondo trágico de opresión extranjera, corrupción, violencia, etc. Con todo, la festividad nos habla de un final que fue feliz cuando un reducto fiel de judíos esforzados consiguió liberarse de la opresión extranjera y restaurar el culto en el templo, tras haberlo limpiado de la contaminación pagana. Januca quiere decir dedicación, pues el templo fue dedicado de nuevo al culto ordenado en la Ley de Moisés y la fiesta está relacionada con la luz. Si es cierto que en su origen tuvo que ver con el templo, hoy quiero pensar en ella dándole una proyección distinta: es decir, teniendo en consideración lo que la dedicación tiene que ver con la vida de cada persona, y por extensión con la de todo un pueblo.
Quisiera referirme en este artículo al problema de fondo de Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, paso a paso han ido configurándose lo que se podría llamar los Estados Unidos de Europa. A lo largo de muchos años este proyecto ha ido avanzando progresivamente, hasta que en los últimos tiempos parece haber llegado a un punto de estancamiento, de equilibrio inestable, si es que ahora no amenaza retroceso o desmoronamiento.

Quizás en este momento lo que más suena tiene que ver con la crisis económica, que afecta, no solo a Europa, sino también a otras naciones en el mundo. Se oye hablar con temor del futuro del euro; hay que apuntalar la economía de algunas naciones miembro. Primero Grecia, ahora Irlanda, y se oyen fuertes rumores que apuntan a Portugal, a Italia y a España, para desgracia de los países que han de salir en auxilio de ellos. Es decir, el panorama no es halagüeño. No obstante, para mí estos son síntomas, no el meollo del problema. Y es que no está igual el alma de los europeos del siglo XXI que la de los ciudadanos de hace digamos 50 años. La realidad es que el problema lo hemos de buscar en el interior del ser humano. Qué luz ilumina su vida, le motiva, dirige sus decisiones; cuál es el objetivo de su dedicación.

Un detalle lo tenemos en la Constitución Europea, proyecto fallido porque algunos de los estados miembros de la Unión no lo quisieron refrendar. No voy a entrar en las razones del por qué. Me referiré a lo que algunos dirán que son sutilezas. Hubo voces que lamentaron que no se hiciera mención de la herencia judeocristiana de Europa en la Carta Magna de la Unión Europea cuando fue aprobada inicialmente. Y no se trata de que importe la mención explícita o no, sino de que tal renuncia refleja la actitud de una mayoría de europeos que estima más el laicismo con todo lo que de él se deriva, que el arraigo a los valores que la mencionada herencia conlleva.

No es así con los Estados Unidos de América, e indudablemente, y a pesar de los muchos errores que puedan cometer, hay diferencias entre unos y otros.

Lo que llama la atención a quien quiera considerarlo, es que un análisis de la historia de los países europeos nos revela que a lo largo de algunos siglos -a partir del XVI-, algunos de ellos progresaron notablemente comparado con otros, y que el elemento común en aquellos era que todos ellos habían abrazado la Reforma. No voy a detenerme en consideraciones dogmáticas.
Tan sólo mencionaré que el principal avance de la Reforma fue dar acceso libre a la lectura de la Biblia, algo que se había perdido hacía siglos. Por mucho tiempo las Escrituras habían quedado escondidas en la oscuridad y fueron objeto de burdas manipulaciones que distorsionaron su contenido, por lo cual lo que de ellas transmitía la religión al pueblo no producía el beneficio que podría esperarse.

Con la Reforma, la Biblia fue traducida a la lengua de los pueblos y los que la leyeron, progresaron. Un aspecto a considerar, por ejemplo, es que la Reforma recuperó el valor de la dignidad del trabajo, algo que por aquel entonces se había perdido de vista y que en Europa sólo los judíos conservaban. En términos generales el catolicismo consideraba el trabajo como una maldición, hasta el punto que una señal de nobleza era poder demostrar no haber trabajado nunca con las manos. Es curioso notar que ninguna de las naciones con graves problemas económicos mencionadas en el párrafo anterior abrazó la Reforma.

Lamentablemente, y aunque muchos no lo querrán reconocer, esta influencia beneficiosa de la ética judeocristiana ha ido en franco retroceso, lo que está afectando a todas las áreas de la vida: la moral, las relaciones familiares y sociales, y las estructuras económicas y políticas. A pesar de que los legisladores se afanen por promulgar leyes que intenten cubrir todas las eventualidades posibles a fin de que todos los ciudadanos se sientan protegidos con justicia, ¿cómo es posible construir un edificio estable si los materiales de base no son lo suficientemente consistentes?
Estamos siendo testigos de las consecuencias de haber menospreciado los valores sólidos, como por ejemplo el valor del trabajo y del esfuerzo, por conseguir la ganancia fácil y rápida propia de la actividad especulativa.

En siglos anteriores, en Europa, los judíos habían mantenido en sus sinagogas el estudio del Tanaj, manteniendo la lengua hebrea de sus antepasados, aun estando en la diáspora. Así ha sucedido que gracias a esto, el moderno Estado de Israel ha podido recuperar la lengua de sus ancestros porque ellos la conservaron para leer las Escrituras. La Biblia ha sido el núcleo duro alrededor del cual han girado las tradiciones, la cultura, la esencia del judaísmo.

Partiendo de las sinagogas, este libro iba ejerciendo su influencia en el pueblo judío, afectando a todas las áreas de la vida diaria, de la familia, de la sociedad, manteniendo con firmeza una esperanza a pesar de las circunstancias adversas. Los judíos tenían una luz que marcaba su camino como dijo el rey David: “Lámpara es a mis pies Tu palabra, y lumbrera a mi camino”.
La verdad es que en los países donde los judíos pudieron desarrollar libremente su vida, allí hubo prosperidad. Veo una coincidencia entre la influencia que tuvo la Biblia en las comunidades judías y la que tuvo la misma en los países que abrazaron la Reforma. Lamentablemente, a partir del siglo XVI España no se benefició ni de lo uno ni de lo otro.

Es indudable que las raíces históricas de Israel están recogidas en la Torá, en los Profetas y los Escritos. Es por eso que Israel no puede olvidarse de la Biblia. En un alarde infatuado de progreso e impulsada por el laicismo en boga, Europa pretende renunciar a su herencia que tuvo sus raíces en la Biblia, pero Israel no puede, porque sería renunciar a su propia historia.
Los europeos que aún creemos en los valores de la Biblia, si no los encontramos vivos entre nosotros, hemos de mirar a Israel donde esperamos verlos reflejados en la dedicación del día a día de cada persona, en el desarrollo de su sociedad, en la marcha de la nación entera. ¡Shemá Israel!

Autor: Daniel Pujol, Barcelona.

FUENTE: http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Opinion/33557/